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Campañas históricas: el primer título de Estudiantes de Olavarría en la Liga Nacional

Foto: Liga Nacional de Basquet

En la temporada 1999/00, el Bataraz fue el mejor equipo del campeonato y escribió una de las páginas más importantes del básquet bonaerense. Con Sergio “Oveja” Hernández como entrenador, derrotó al bicampeón Atenas de Córdoba y conquistó la primera Liga Nacional de su historia.

La temporada 1999/00 cambió para siempre la historia de Estudiantes de Olavarría. Después de varios años de crecimiento, el Bataraz armó un equipo capaz de pelear de igual a igual con los grandes de la Liga Nacional y terminó alcanzando la máxima conquista: levantar el primer campeonato de su historia.

Con Sergio “Oveja” Hernández al frente, el conjunto olavarriense construyó una campaña que combinó regularidad, carácter y una identidad de juego muy marcada. Fue el mejor equipo de la fase regular, superó con autoridad los playoffs y, en una final inolvidable, frenó el intento de tricampeonato de Atenas de Córdoba, el gran dominador de la época.

Más de dos décadas después, aquella consagración sigue ocupando un lugar de privilegio entre las grandes campañas de la Liga Nacional y representa uno de los capítulos más importantes del básquetbol bonaerense.

Un equipo construido para dar el salto

El título no fue obra de la casualidad. Estudiantes venía creciendo desde su llegada a la Liga Nacional en la temporada 1996/97 y, tras algunos años de adaptación, comenzó a consolidar un proyecto deportivo que encontró su punto de madurez con la llegada de Sergio Hernández como entrenador.

La base del plantel ya contaba con nombres importantes como Gustavo “Lobito” Fernández, Claudio Farabello, Nicolás Gianella, Víctor Baldo y el estadounidense J. J. Eubanks. Para la temporada 1999/00 se sumaron Rubén Wolkowyski, Daniel Farabello y DeWayne McCray, incorporaciones que terminaron de conformar uno de los equipos más completos del país.

La propuesta de Hernández era clara: intensidad defensiva, presión en toda la cancha y un juego dinámico para aprovechar cada recuperación. Ese estilo se convirtió rápidamente en la identidad del Bataraz y lo transformó en un rival incómodo para cualquiera.

Antes del inicio de la segunda parte de la temporada, el plantel disputó la tradicional Semana del Básquet Holandés y obtuvo el subcampeonato. Aquella experiencia terminó fortaleciendo la confianza de un grupo que empezaba a convencerse de que podía pelear por cosas importantes.

El mejor de la temporada

Los números reflejaron lo que el equipo mostraba cada fin de semana. Estudiantes cerró la primera fase con un registro de 24 victorias y apenas seis derrotas, mantuvo el liderazgo durante la segunda etapa y terminó como el mejor de la fase regular, asegurándose la ventaja de localía para todos los playoffs.

En los cuartos de final eliminó a Quilmes de Mar del Plata por 3-1 y luego dejó en el camino a Gimnasia y Esgrima de Comodoro Rivadavia con un contundente 3-0 para meterse en la definición.

La final tenía todos los condimentos. Del otro lado esperaba Atenas de Córdoba, bicampeón vigente y candidato a convertirse en el primer tricampeón de la historia de la Liga Nacional. El equipo cordobés contaba con figuras de la talla de Marcelo Milanesio, Héctor Campana, Diego Osella, Leonardo Gutiérrez y Bruno Lábaque, por lo que la serie prometía un duelo de alto nivel.

Una final para el recuerdo

La definición estuvo a la altura de las expectativas. Estudiantes hizo valer su localía y ganó los dos primeros partidos en Olavarría por 86-80 y 82-66. Atenas respondió en Córdoba con triunfos por 95-77 y 78-70 para igualar la serie.

El quinto juego volvió a quedar en manos del Bataraz, que se impuso por 81-76 en un Parque Carlos Guerrero cada vez más identificado con el equipo. Sin embargo, el Griego reaccionó otra vez en el Carlos Cerutti y ganó el sexto encuentro por 80-72.

Todo se resolvería en un séptimo partido.

El 25 de mayo de 2000, más de siete mil personas colmaron el Maxigimnasio Parque Carlos Guerrero. La expectativa era tan grande que las entradas se agotaron en apenas un par de días y toda la ciudad vivía la definición como un acontecimiento histórico.

El partido fue tan parejo como la serie. Atenas llegó a dominar el marcador durante el último cuarto, pero Estudiantes encontró respuestas en el momento justo. Un triple de Nicolás Gianella igualó el juego cuando restaban menos de tres minutos y, a partir de allí, Rubén Wolkowyski y Víctor Baldo se hicieron gigantes en ambos tableros para inclinar definitivamente la balanza.

La volcada de Gianella en los segundos finales terminó de desatar el festejo. El tablero marcó 80-71 y el Bataraz se consagró campeón de la Liga Nacional por primera vez.

Rubén Wolkowyski fue elegido como el Jugador Más Valioso de las Finales, mientras que J. J. Eubanks terminó la temporada como máximo anotador del campeonato. Para Sergio Hernández también fue un punto de inflexión: aquel fue el primero de los seis títulos de Liga Nacional que conquistaría a lo largo de su carrera como entrenador.

El comienzo de una época inolvidable

Con el paso de los años, aquella campaña adquirió una dimensión todavía mayor. No solo por haber significado el primer campeonato de Estudiantes de Olavarría, sino porque marcó el inicio de un ciclo que luego sumaría nuevos títulos nacionales e internacionales y consolidaría al club entre los grandes protagonistas del básquet argentino.

Pero si hay una imagen que resume aquella temporada es la del Parque Carlos Guerrero completamente colmado el 25 de mayo de 2000. El reloj marcando el final, la gente invadiendo la cancha y un equipo que había sido el mejor durante todo el campeonato celebrando el objetivo que había perseguido durante años.

Porque ese Estudiantes no fue campeón por un partido. Lo fue después de dominar la Liga de principio a fin, de sostener una idea de juego, de formar un grupo con identidad propia y de derrotar al rival que todos querían vencer.

Por eso, cuando se repasan las grandes campañas de la Liga Nacional, el Bataraz del 2000 siempre aparece entre las primeras. No solo por el título que levantó aquella noche, sino porque demostró que desde el corazón de la provincia de Buenos Aires también se podía escribir una historia para siempre.

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